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“¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por MokaLatte el Miér Mar 01, 2017 3:56 pm

Ladee el rostro en una especie de asentamiento… “culpabilidad” esa era una palabra curiosa y difícil de estimar a estas alturas… o podía asegura que fuera plenamente culpa ajena todo lo que ocurría aunque no discutiría con ella por algo que en realidad no era importante. Se como fuera a mi juzgar ella había actuado muy acorde al momento, aun y si para mi fuera sido mas razónable que peleara y discutiera al respecto cuando en realidad se mostro agradecida e incluso deseosa de continuar.

-Me tomo las molestias necesarias, muchos dioses solo toman a sus reinas o a las mujeres que desean ellas solo acceden sin tener mas remedio y aunque te tome contra tu voluntad busco que eso cambie, si deseo enamorarte tengo que tomarme esas molestias y muchas mas no parare incluso cuando ya seas mi amante- quería explícale esto era una meta a superar una distracción para mi algo que hacia por ambos no solo por ella… era una manera de mermar la culpabilidad por raptarla de esa forma y una manera desesperada de buscar que ella no me odiaba por quitarle cosas que amaba… aunque inútilmente conseguiría suplicarla trataría de reemplazarlas.

No esperaba que ella me entendiera mas sin embargo, era mi manera de actuar –no los veas como regalos digamos que son solo… lo que te mereces después de todo lo que te he hecho pasar, no olvides que te he raptado…- sonreí un poco con cierto aire de ego…- aunque debo admitir que si te he hecho olvidar esos detalles es que voy muy bien conquistándote, mas si tengo el poder de hacerte perder el control- admitía que verla como una ratoncita asustadita cuando insinué aquello me había gustado no hacia mas que resaltar su atractivo. Pero no la avergonzaría más de lo necesario. –Es eso mismo lo que sentí al verte andar sobre las flores en el prado- concluí para cerrar aquel tema seria mas fácil de hacérselo ver –hacemos estupideces cuando no pensamos- aunque jamás diría que fue una estupidez raptarla puede que fuera la mejor decisión que tome en mi vida y no me arrepentiría.

 “Su preciosa vos me canturreaba el nombre y yo me complacía al verla tan feliz y vibrante de nuevo” la solté para que pudiera andar a sus anchas aunque si despegarle la vista de encima, pero ella no se alejo como esperaba… me tomo para compartir eso conmigo “no es como si fuera fans de la naturaleza ni mucho menos” pero seguirla no me costo nada mi aun así sabia que por donde pasara mi capa y mi presencia las haría morir así que no puede avanzar mas de dos metros si detenerme insofacto –espera…- murmure bajando la mirada con pesar... ella me pedía permiso para algo y dije –claro...- sin pensar antes de hacerme a un lado y mostrarle el camino de muerte que dejaba mi prado tras mi paso–No puedo acompañarte o las dañare… lo lamento... pero permíteme contemplarte- te pedí con tono neutro y sincero esperando a que jugaras con mis largos cabellos la flor daba la sensación de ser negra bajo los rayos del sol apostaría que en mis blancos y canosos cabellos resaltaría como mi casco, ella destacaba tanto como mi oscuro ser sobre aquel jardín de vida.

Luego me vino a la mente Deméter nuevamente… cuestionándome quien seria tu padre no quería perderte… y aunque todo aprecia ir bien debía darme prisa mire de reojo el fruto de la granada –Mi Ninfa… ¿serias tan amable de alcanzarme el fruto de la granada…? Me gustaría que lo pruebes es una fruta especial que solo se da aquí… que de hecho solo ese árbol da, permíteme que te la de directa de mi mano- extendí mi mano hasta el árbol cuyos frutos apetitosos brillaban abundantes dejando un aroma provocador en el aire… quizá no lo sabias por una de las reglas al entrar al inframundo era no comer ni beber nada… en especial la granada por que si hacías eso… entonces ya no podrías salir “¿era tan vil engañarte así? Tenias que entenderme no permitiría que nada te arrancara de mi lado” –Tu eres como una flor Perséfone… y yo seré subsuelo donde eches raíces- quizá era una frase hermosa pero también tenia ese matiz mórbido escondido perverso y posesivo. 


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por Irinev Slokeva el Miér Mar 08, 2017 3:43 am

Sus palabras comenzaban a tener más valides en mi persona, la manera atenta en la que trataba con esmero repara errores daban punto a su persona, no cabía duda que mi primera impresión fue por completo desacertada, como él lo había dicho, verdaderamente se merecía una oportunidad y ciertamente no me arrepentía en lo absoluto de habérsela dado, mas no podía evitar que el rubor se me subiera a las mejillas cuando hablaba de esa forma, tomándose tan enserio el amor que profesaba tenerme y que me llenaría de regalos hasta el fin de las noches con sus días, o al menos así lo interpretaba –Gracias- le sonreí –De verdad, pero igual es demasiado- no podía quedarme tranquila recibiendo tanto sin dar nada, no era un obligación hacerlo, pero incluso así me sentía ingrata, después de todo, el primer dia, igualmente había sido pésima con él. Yo merecía esto como perdones ¿Qué merecía el?. La vergüenza vino a mi encuentro cuando lo oí hablar sobre la perdida de mi control, me apreté los labios con los dientes y no supe que decir en ese entonces, pero otro comentario suyo exorcizo de alguna manera mis demonios internos “-hacemos estupideces cuando no pensamos-“, dijo y alivio mis adentros, aunque no del todo, porque de alguna forma al hacer aquello no estaba inconsciente. –Creí pensar- admití y volví mi mirada de nuevo al exterior.



Llego un punto donde simplemente se detuvo y voltee a verlo desconcertada, mostrando aquel rastro tras suyo donde la naturaleza moría podrida, pedía no continuar el recorrido a mi lado, temiendo el daño que pudiera causarle al jardín, pero antes de seguir mi expedición por mi cuenta puse la flor delicadamente en su larga y blanca melena al final de una delgada trenza que le hice rápidamente en el costado izquierdo –Como quisiera que no tuviera que ser así- dije en un tono un poco angustiado pero sonriendo dando pasos cuidadosos de espaldas –Entonces tendré que caminar de esta manera para no dejarte solo-, era su regalo, yo podía disfrutarlo, sin embargo me parecía de lo más injusto irme a dar saltos entre las flores y dejarle por completo abandonado así que continúe en lo mío, en todo momento, sin darle la espalda.

Jugueteaba preguntando cosas por momento a Hades, como: ¿Qué tipo de flor es esta?, ¿Solo crecen en este sitio? Y demás cosas que me parecían interesantes, tome cuantas pude y como el dia de mi “secuestro” las enredé en mi cabellos, seleccionándolas por colores, formas, olores, tamaños tejía una a una hasta que me llene los cabellos de ellas y no podía poner ni una sola más.

Hades llamo mi atención hacia aquel árbol que crecía a su lado, hermoso, no tan alto, con un liso tronco que dejaba colgante en sus ramas unos preciosos frutos rojos como sangre que parecían ser jugosos, llegue a su dalo dando pequeños saltos y me incline frente su mano para olisquear el dulce aroma que de él emanaba, tan suave y cautivador inundo mis fosas nasales e hizo saliva dentro mi boca -Granada- dije observándola todavía con los ojos llenos de fascinación, ¿Sabría como olía o incluso mejor?, ¿Ácida y dulce o solo dulce?. Aquella frase me había gustado tanto, una flor, amaba las flores y si me preguntaran lo que quería ser respondería que una sin titubear. –Adelante- dije mirando a Hades con una sonrisa de oreja a oreja y abrí la boca en señal de que podía dármela cerrando los ojos para así entonces intensificar la percepción de mi sentido del gusto.  


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por MokaLatte el Jue Mar 09, 2017 6:02 pm

“Creí pensar” la oí apenas balbucear esas palabras, y sonreí con mucha suavidad era difícil percatare de que mis mejillas se movían para sonreír pero al menos yo internamente pensaba que incurría en aquel gesto “eso esta mucho mejor” pensé para mi mismo ahora dándome decírselo ya que ella no lo había dicho de manera que espera un respuesta fue mas bien algo auto conclusivo reflexivo, y privado de alguna manera, ahora había mas de que preocuparse. Algo que debía solventar lo más rápido posible.

“Un rey diría que demasiado no es suficiente ¿Qué diría un dios respecto a eso?” me pregunte meditando en el asunto tampoco era un experto ganándome el amor de nadie yo… solo estaba improvisando pero ¿de que otra manera podría? Suspire con pesadez, era obvio que una pareja amaría competir esos momentos de la felicidad pero ese era uno en el que no podía complacerle –Lo siento… pero la naturaleza no se puede cambiar y tu lo sabes- le recordé no era culpa mía ni de nadie simplemente que no podíamos tentar la poca suerte que tuve al hacer retoñar aquel jardín en el ambiente tan estéril de aquel lúgubre lugar.

Negué cerrando los ojos a su ocurrencia era una chica encantado a desprendía el jugueteo –como gustes ya he dicho que es tuyo- le recordé –además lo que mas disfruto es verte sonreír y jugar- era un agasajo mas beneficioso y gozoso para mi contemplarla hacer aquello que irme a jugar con ella entre flores “no es como si en realidad la idea me gustara” solo quería verla. Le respondía sus preguntas sin duda algunas solo se daban allí ya que terminaron fluyendo como especie de mutación al cambio de ambiente –se podría decir que muchas fueron creadas para ti- era nuevas –quizás debas nombrarlas- le ofrecí aquella oportunidad única que seguramente disfrutaría, apostaba a que seria muy interesante ver que nombres se le ocurrían.

Tome la granada de su mano aprovechándome para acariciar la propia… la observe absorto convencido de que debía hacerlo aunque algo en mi interior me decía que no era lo correcto. Trague saliva con algo de dificultad “¿culpabilidad quizá?” arrancaba la concha de la fruta partiéndola por la mitad tome algunos trozos jugosos y húmedos de su interior… la acides se sentía con solo olerlo pero el melado brillaba entre la pepita interna que relucía cual perla de ámbar…. Darle de comer a la boca, esos e sintió mejor de lo que podía imaginarme mis dedos cerraron sus labios con aquellas gotitas del fruto en su boca esperando que al cerrarla explotaran en su paladar –Ya nadie podrá llevarte- se me escapo decirle ates de acariciar su mentón.

Procedí a preguntar tras unos segundos de silencio -¿crees que seria demasiado desposare sin pedir la mano a tus padres? ¿O… debería asegurarme de tener el permiso de tu progenitor antes de hacerlo?- quería saber tu opinión al respecto –aunque…- agregue casi de inmediato –aun y si tus progenitores de oponen tu dirás si, en ese altar- declare afirmativamente como si pudiera ver el futuro quizá no era correcto sacar a colación a sus padres en este momento, pero ¿Cuánto tiempo mas tendríamos antes de que nuestras diferencias y nuestra familia se opusiera “a mi felicidad” ¿Cuándo? cuando seria prudente decir que era la tuya también 

–Espero que no estas prometida a alguien… no se tenga que hacer un torneo por tu mano en estos últimos tiempo se inventan muchos métodos para ganar ese derecho… pero pocos trabajan en ganar el corazón de la doncella en cuestión- suspire un momento distrayéndome en la textura de la concha del fruto – ¿suenas verdad?.... ¿me contarías alguno de tus sueños? al verte arriba escuche que le contabas alguno a tus acompañantes creo que en ese momento sentí como algo de pesar en ti… ¿eran pesadillas?


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por Irinev Slokeva el Miér Mar 15, 2017 1:47 am

–No te preocupes, lo entiendo- respondí en tono sereno, pensé que de alguna forma debía ser “Triste”, aunque a decir verdad no sabría por completo descifrar su manera de ver la situación, pero si en mi caso fuera, me sentiría así, la flores me dan una alegría invaluable y el solo verlas no me complace por completo, necesito estar ahí, con ellas, tocarlas, sentir su humedad y suavidad entre mis manos, en fin, esa era solo mi manera de ver las cosas y en él podía ser diferente.  

Ya había recorrido un buen tramo sin parra de caminar hacia atrás, lo miraba a él  y las miraba a ellas, no me perdía de nada, estaba en todo. Un jardín por completo mío, me ruboricé al escucharlo, una felicidad enorme me inundaba, pero, no podía reclamarlo todo, a fin de cuentas estábamos en su reino, de alguna forma igualmente le pertenecía –Nuestro- dije –Y está bien, puedes verme jugar- reí llevándome la mano a la boca en disimulo de la risilla. Tierno y extraño, así me parecía, tan imponente y de algún modo temible, pero, al menos conmigo, tan delicado y dulce, una combinación extraña. Las preguntas que le hacía eran respondidas con cuidado y paciencia todas y cada una de ellas. Cuando supe que se había tomado la molestia de crearme flores, me sorprendí inevitablemente, me daba la oportunidad, incluso, de nombrarlas –Que halago-, ya no sabía si decir gracias bastaba, si estar sorprendida, como lo estaba, era suficiente –Mil gracias, es increíble, de verdad-. Pero no tenía otra forma para agradecerle. Mire un pequeña flor en distintos tonos de azul con negro y blanco, de varios pétalos que se abrían en copas dejando visible su centro, una joya, hermosa –Esta se llamara Drukel-, miraba a todas partes señalando con el dedo y dando distintos nombres, jugando con la imaginación –Zarhal, Milelva, Hanix, Gexia… etc. -. Sentí esa diversión como cuando jugaba con las pequeñas Atenea y Artemisa.    



Su rosto o tenía un semblante extraño que me transmitía una sanción incomoda, pero no le tome demasiada importancia, la felicidad de lo anterior era lo suficientemente abrumadora para que otra emoción tuviera espacio dentro mío. El tacto de su mano me erizo la piel, frio, no podía negarlo, me agradaba, tenerlo cerca me ponía nerviosa, un recuerdo fugaz atravesó mi mente y me congelo un instante, no debía pensar en aquello, ya había ocurrido, no era malo o al menos eso me obligaba a pensar. Mastique y tragué el fruto, dulce al inicio, finalmente ácido y arenosos. Era un sabor único que jamás había degustado. –Esta rica- dije con los ojos cerrados aun moliendo lo poco que me quedaba en la boca disfrutando de su sabor lentamente. De sus labios se escapó un susurro, una frase un tanto perturbadora que me hizo despertar y dirigirle una mirada confusa al tiempo que me tomaba por el  mentón. No sabía a qué se refería y debo admitir de nuevo me estremecí pero hice todo lo posible porque él no lo notara, todo estaba bien ¿no era así?, entonces eso que decía en realidad podía significar algo bueno, pero aun siendo así, no puede reprimir la pregunta –¿Qué?-.

El silencio reino unos momentos antes de las preguntas, no sabía bien que debería responder a la primera, no tenía conocimiento alguno de que mi madre hubiera hecho algo así, lo que si había hecho era alejarme de todo mundo. Mi madre, la había olvidado un poco, pero de nuevo llegaba su recuerdo a mi cabeza y me daba cuenta que le extrañaba de alguna forma que no pude evitar que en los ojos se formaran lagrimas que no derrame, con el brazo las seque de inmediato y respire hondo –No lo creo, no estoy segura de ello, aunque lo dudo- dije al fin, con la mirada clavada en el suelo. La segunda pregunta fue un cambio radical de tema, mis visiones, había tenido muchas, cada noche, buenas, malas, de todo tipo, recordé que antes de haber llegado a este lugar se habían vuelto sombrías y extrañas. –Sí, sueño, muchas, demasiadas cosas, criaturas extrañas, lugares en los que nunca eh estado, ciudades, personas y de más cuantos que no creerías- sonreí aun con la mirada baja y luego la envíe en su encuentro –Claro que podría, las que quieras, pero tendremos que buscar un lugar para sentarnos, podrían durar un buen rato, ¿Qué tipo de historia quieres escuchar?-.  


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por MokaLatte el Miér Mar 15, 2017 6:02 pm

Llegaba un punto en el que terminabas acostumbrándote a las contraindicaciones que te daba la vida para mi las tristezas y energías negativas eran solo una fuente de poder que a estas alturas se había vuelto inagotable por eso ya no agobiaba por que estarlo mas de lo que hacia solo complicaba mis humores “no quedaba mas que acostumbrarse a lo que la vida había preparado para mi”  por eso creía justo que ya era hora de que yo le diera otro rumbo a mi vida, otra manera de volcar el destino mi propio camino ¡por esa esta vez yo había decidido preparar las cosas que quería en mi destino” ¿acaso no era eso lo que debía hacer un dios si algo deseaba?”

Me gustaba verla complacida con todos aquellos regalos, por supuesto no esperaba menos de ella que la gratitud aunque habían muchas maneras e demostrar este sentimiento mas que las palabras y era esto lo que en el fondo esperaba –era la única manera de que sobrevivieran combinándolas con este ambiente hostil- comente sin mucha presura no era importante y la verdad era fácil deducir una flor corriente no duraría un segundo bajo aquellas condiciones en el averno. Los nombres que colocaban eran interesantes me dio curiosidad saber si los sacaba de algún lado o solo los inventaba al azar… sinceramente no me importaba todos sonaban maravillososeres hábil con los nombres  seguro nuestros hijos tendrán maravilloso apodos- comencé mirándola fijamente  yo ya consideraba un hecho que la desposaría y seria la madre de mis hijos.

Pero por mas que prepares y corrompas la genética de un flor para adaptarla no borrara sus recuerdos primeros, no borraras el instinto de supervivencia que aunque ahora puede contra mayores maltratos de su ambiente igualmente querría protegerse hasta que lo compruebe sostenerla así, me recordaba que ella efectivamente era como aquellas flores no importaba cuanto quisiera hacerla adaptar ella siempre guardia dudas hasta que las sacarías por su misma –nada- respondí esa vez a su pregunta –yo solo divagaba- y así era apartaba entonces un poco mi acoso sobe ella mirando a otros rumbos del jardín –me asegurare de investigar- le afirme a la doncella ella me ofrecía escuchar una historia, yo no estaba seguro de que responder pero antes de abriera la boca para hacerle una petición escuchaba la turbante voz de Zeus sacudir mi cabeza… *HADES… dios del inframundo requiero de tu presencia inmediata* rodé los ojos tapando uno de mis oídos  mirando de nuevo  al muchacha –al parece tendrá que ser en otro momento alguien desea hablar conmigo. Me lleve la mano al mentón pensativo mas sin embargo no puedo dejarte sola aquí… será mejor que vengas conmigo- inquirí dándole un toquecito a tu nariz  -si serás mi reina es mejor que estés enterada apropiadamente de las cosas que atañen en este lugar- asenté firmemente tomándola de la mano. Según comprendía estaría esperándome en mi sala de trono pocas veces le agradaba recibir visitas mías en el olimpo pero el se crea con derecho de irrumpir en mis tierras cuando deseaba.

Una vez en el carruaje decidí prepararte un poco conocerás a mi hermano mayor, te sugiero te mantengas alejada de el y cerca de mi ese no respeta ni a sus propias hijas- y no lo decía en bromas Zeus simplemente era tan libertino que si una mujer le gustaba la engañaba hasta poseerla. El carruaje no demoraría en llegar mucho mas te conduje de nuevo por los pasillos del castillo hasta una sala enorme donde reposaba mi trono de acero Valeriano he incrustaciones de dientes de dragones.  Al abrir la puerta lo contemple sentado en mi trono como si nada pasara, mi mirada de odio se poso sobre el –pero que descaro… al menos podrías esperar a que te ofrezca asiento ¿te gustaría a ti que entre a tus propiedades y me siente en tu trono?- pregunte dejándote a mis espaldas Zeus se levanto soltando una sonrisa irónica parecía que nada podía molestar a aquel viejo con cara simpática * Vamos hermanito no te ofusques ambos sabemos que mi trono te repelería* y lo decía con aquella arrogancia. Un tic en el ojo me delata.

*Sea como sea, no importa he venido acá por otra razón al menos yo no voy a tu jardín y robo a tus hijas* recalco el mirando sobre mi hombro buscando tu silueta perfecta… *a pero lo olvidaba tu no tienes hijas y mucho menos jardín* parecía que cada cosa que decía salía de su boca con única intención de molestarme –¿Hija?- pegunte agudizando la mirada –Solo he tomado una ninfa… mi futura esposa esta noche si todo sale bien, no esperaba que tu fueras su progenitor aunque no debería extrañarme media generación de la mitología son tus hijos- recrimine levantando mi brazos de ninguna manera lo dejaría acercarse a ti de ese modo le interrumpía el paso. El solo sonrió con cinismo *tienes derechos…* se encogió de hombros *me da igual lo que hagas con ella, por resulta que este rapto esta perjudicando a una de las diosas mas importantes y desequilibrando el balance debes regresarla* te mire sobre el hombro inseguro de que responder tal aprecia que ambos nos tomábamos el atributo de decidir por ti. Pero no me le quedaría callado a mi hermano –imposible Perséfone me pertenece y no dejare que te la lleves- Zeus negó dándonos la espalda 

*Que iluso eres Hades, no puedes desafiarme además ella no lo vale hacia ciento como ellas en el jardín anda toma a diez y déjala volver con su madre, no para de llorar desde su partida bien sabes que no soporto los sollozos femeninos* esta vez contengo tu mano -eres débil con cualquier fluido femenino… pero el iluso eres tu Perséfone no es un objeto no la cambiare por nada además…- camine a mi trono tironeando de tu muñeca para que me siguieras –Ella ya no puede salir del inframundo- comente con astucia tirando de ti para que te sentaras en mis piernas una vez me sentase en el trono. Zeus me miro iracundo soltando un bufido *ha… buen le dije que se la devolviera si no había comido del fruto de la granada… eso… lo cambia todo, entonces de momento tenéis mi bendición* mascullo insatisfecho desapareciendo de nuestra presencia no sin antes dejar un eco resoplante *pero sabrás de mi pronto*


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por Irinev Slokeva el Jue Mar 23, 2017 2:39 am

Explicaba como las flores mantenían ese aspecto por haber sido mutadas de alguna forma para así asegurar su vida en aquel tipo de lugar. “Magia”, pensé y las tome aún más emocionada, las examinaba con detenimiento tratando de descifrar, si, como las convencionales, estas podían ser usadas como medicinas o en el caso de algunas como venenos. –Los nombres de nuestro hijos–. Me ruborice hasta ponerme como un tomate, no me imaginaba dándole nombres a seres más animados, pero si bien, seria hermoso, le mire a los ojos –Una niña llamada Kimbray y un niño llamado Jorsay, ¿Te imaginas?–. Reí –¿No me odiarían por el resto de sus vidas?–. Todo eso me llevo a pensar como había hecho mi madre para escoger mi nombre, me gustaba, mucho, si iba a tener la oportunidad de nombrar a alguien también esperaba ser sabia para elegir un nombre que le gustara y adorara por toda la eternidad.



Su mirada dejo de dar con la mía al momento que admitía solo hablar en voz alta en un divague sin importancia, mi rostro fue de extrañeza, pero decidí entonces creer que así era y tampoco yo debía darle importancia, no era momento para pensar demasiado. –Está bien–. Dije despistadamente cuando se ofreció a investigar sobre algún prometido al cual me hubiesen entregado mis progenitores, no era un tema que rondara en mi cabeza, a decir verdad, era una pregunta que en mi vida me había plateado y que por parte de mi madre no tenía señal alguna para meditarlo. Por un momento al verlo mudo, pensé que escuchar mis historias lo aburriría y estaba buscando de qué forma darme una respuesta negativa, lo cual me desanimo un poco, pero entonces hablo, entendí lo que sucedía, era requerido, ser un dios no debía ser fácil. Inclino mi cabeza con el toque de su dedo en la punta de mi nariz. Titubee, una especie de pena me invadió, ¿yo presente con el frente a alguien importante?, incluso si ya fuera reina no me sentía digna o mejor dicho preparada, más en el rostro de Hades no reflejaba la menor duda de que era lo correcto, me tomo de la mano. –Seguro que estará bien que vaya?–. Pregunte apretando un poco su mano y arrastrando los pies para aminorar la marcha en espera de la respuesta.



Subí al carruaje con cierta torpeza tenía el corazón a trote, pero trataba de que el miedo no se penetrara en mi mirada, escuche atentamente a Hades, sus palabras me hicieron palidecer, ¿existían tales seres en el mundo?, la piel se me erizo, no dije nada y de igual forma el resto del viaje la pase en silencio perpetuo con la mirada clavada en los paisajes que se colaban por la ventana y las manos entrelazadas, todo se movía tan de prisa afuera y yo solo quería ir más lento. En cuestión de minutos llegamos, atravesamos los pasillos hasta llegar a la habitación principal donde un robusto hombre descansaba sobre el trono de Hades, lo cual le echó en cara apenas entramos. La tensión en el ambiente era palpable, ira, odio, rencor y demás se podían deducir tan solo observando ambas miradas, sin embargo, Zeus tenía una forma muy irónica de demostrarlo, parecía no tener problemas en lo absoluto, pero aquello era solo una manera de tantas para molestar. Me encontraba ahí, junto a Hades, frente Zeus, diminuta e impotente, con la clara sensación de que no debía ser partícipe de lo que fuera que estaba sucediendo.

¿Su hija?, ¿Hija de Zeus?, di un salto al escuchar aquello, no podía procesarlo, ¿Dónde estaban las sensaciones de ver a un padre por primera vez?, no las tenía, después de lo que Hades me había dicho aquella voz me inspiraba temor y desconfianza, me tome por los codos, nerviosa. –No puede ser–. Dije en voz baja, el alegato continuaba a mí alrededor y yo solamente me preguntaba porque mi madre lo había mantenido tanto tiempo en secreto. La sombra que proyectaban los brazos de Hades al protegerme me hicieron levantar la mirada, nuestras miradas se encontraron al tiempo que Zeus hacía referencia a esa diosa “¿Mi madre?” pensé, poco después caí en cuenta de que así era. Hades se tornó posesivo, me tomaba por la mano camino al trono, ¿Por qué?, ¿Por qué no podía ver a mi madre?, la debilidad me ataco, como si me clavasen una estaca al corazón y cuando se fuerza tiro de mi brazo caí sobre sus él, mirándolo mientras las lágrimas comenzaban a rondar por mis mejillas, conteniendo los alaridos hasta que el ultimo eco de la voz de Zeus se disipo en la nada, entonces apreté los dientes y sin pensarlo dos veces acerté una bofetada en tu rostro –¡¿Por qué?!–. Grite –¡Confié en que lo harías de otra forma, creí que sería diferente!–. Me levante tambaleante y emprendí la marcha hacia la puerta en la cual recargue la frente antes de salir –¡Comenzaba a tener fe en ti!, ¡¿un truco, un engaño, eso fue todo?!–. La abrí y cerré de un portazo, disparándome fuera de la habitación, corría por el pasillo, recordaba donde estaba la puerta de mi supuesta habitación, entre en ella cerrándola por dentro y me desplome sobre la cama.


OFF/ROL:
Una disculpa enorme por la demora, aqui esta el tema, rugo me perdones, no vuelve a suceder


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por MokaLatte el Jue Mar 23, 2017 3:07 pm

Escuchar los creativos nombres con los que apodaba a los futuros niños. –creo que... me gustaban mas los nombres que le pusiste a las flores- le dije con total sinceridad antes de que tuviéramos que irnos, o me habrían gustado esos últimos que había mencionado, sobre todo por que mi hijo varón debería llevar un nombre mas fuerte y imponente “seria el príncipe del inframundo después de todo” la niña bueno eso era otra cosa… no era demasiado delicado pero ya habría tiempo para platicarlo ahora lo bueno de todo esto es que ella no había tomado a mal mi acotación de los hijos al contrario aprecio entusiasta.


-Claro que lo creo- por supuesto que creía prudente que ella, se acercara a sus nuevas responsabilidades, suspire sabiendo que pronto llegaríamos no quise abrir mas conversación me preocupaba la presencia de Zeus allí, y me fastidiaba bastante aquel hecho. Cerré mis ojos con molestia cuando al fin llegamos pero tener su mano junto a la mía me recordaba por que estaba metiéndome en tantos problemas. Con la única meta de estar ahora en compañía de tan bella doncella. Y luego tan pesada conversación con el molesto de mi hermano tratar así a la mujer… por ello es que se acostaba con cualquier escoba que llevase faldas, pro eso era que no respetaba a su propia esposa… no conseguía comprender como era que ella lo soportaba.

Como sospechaba la conversación se trataba de ella… por desgracia la había llevado pero era mejor que escuchara de los propios labios difamadores lo que ocurría. Eso le demostraría que yo no era del todo el malvado. Que a veces el cinismo de aquellos que lucían celestiales y buenos rebasaba cualquier oscuridad que pudiera existir en mi mirada. Para empeorarlo todos estaba entrando de demasiadas cosas a la vez y mientras trataba de mantener a raya a Zeus las cosas no parecían andar muy bien del todo con Perséfone no podía enfocarme en mantenerlos  ambos, así que me enfoque en fastidiar a Zeus y tratar de demostrarle que eras mía y no te dejar ir sin importar la razón por ello te jalaba y atraía a gusto “tampoco quería que te alejaras de mi”

Entonces exploto. No se que me enfureció mas si la socarronería de mi hermano o la bofetada de ella. Ta solo cerré los ojos sin inmutarme al respeto soltándola para que se fuera si quería. -¿de otra forma? ¿Habría otra a caso?- le cuestione irritable, por que si la había yo no la hallaba y me encantaría saber ideas –por que venimos de mundos diferentes- era tan simple la respuesta yo tenia que hacer algo para mantenerla allí ya que no podía permanecer demasiado tiempo arriba, y Deméter seguramente no le gustaría bajar “esto era ridículo” comencé a pensar, no estaba en propiedad de negociar y no lo haría.

“¿Cuándo la engañe?” me pregunte negando al verla que se iba, poco podría hacer ahora mismo y estaba de muy mal humor como para trabajarme palabra era Hades cruel y malévolo, solo tenia que hacer lo que quería… ya había complacido demasiado a la muchacha a cambio de nada… no seria yo el que cediera ahora mismo. Planeaba hacer la boda cuanto antes pero bajo este percance lo mejor seria aplazarlo sea como fuera la chica no iría a ningún lado. Me levante del trono y camine, por el pasillo “era una hija de mami” eso no lo cambiaria… me detuve en su puerta aunque fui incapaz de tocar no tenia nada que decir –No cambiare de opinión he hecho todo bien… si comer de un fruto te parece un truco o engaño, creo que pudo haber sido mucho peor, dudo que un solo acto de mi verdadero ser opaque lo mucho que me he esforzado por hacerte sentir cómoda- y ahora la cuestionaba como una mala agradecía.

-LLORA TODO LO QUE QUEIRA NO IRAS A NINGUN LADO Y TARDE O TEMPRANO SERAS MI MUJER- grite con fuerza tras la puerta dando un golpe -¿Qué crías que serias la princesita de mami toda tu vida? Todos deben crecer llego tu hora asúmelo y madura de una vez, deja de excusarte con las faldas de tu madre; ella tendrá que entenderlo y debería superarlo- suspire con pesadez – cuando estés lista para llegar a un acuerdo búscame en la sala de trono, tengo cosas que hacer. Si no las cosas se harán por las malas te acostumbraras a mi tengo una eternidad para esperar a que ocurra-  poco después le di la espalda y me fui. Sabia que tratarla mal no mejoraría la situación pero me estaba a orillando a aquello.
 
Off: yo no note que demoraste tanto descuida, vamos a buen ritmo XD gracias por estar atenta linda.


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por Irinev Slokeva el Vie Mar 31, 2017 11:19 pm

Sinceridad ante todo, era lo correcto pero entonces, ¿Por qué me hacía sentir torpe de alguna manera?, ¿Qué tipo de nombre serian correctos entonces?... No iba a preguntarlo, agache la mirada y opte por no mantenerlo mas en la cabeza, aunque ciertamente los nombre me gustaban, nombre lindos, dignos de seres lindos, como flores, pero Hades quizá tenía un pensamiento distinto, en fin, así eran las cosas.


Confirmo que mi compañía sería necesaria en esa reunión suya. No puede evitar sentir un apretón en el pecho al salir del jardín, de todo lo que había visto hasta el momento era el lugar más agradable, sin embargo, haberme quedado sola en tal lugar que no había explorado por completo me causaba un poco de miedo, lo cual me hizo pensar que si Hades no hubiese dicho que lo acompañase probablemente habría rogado por ir con el de cualquier modo.



La mueca en su rostro reflejaba una intensa molestia, la mano me punzaba, señal de que había dado en su rostro un golpe fuerte, la culpabilidad intento atraparme cuando lo escuche mencionar las primeras palabras pero controle mi rostro de manera en la que luciera serio en todo momento. –¿De verdad importa ser de mundo “Tan diferentes? –. Dije en tono sarcástico. –¿Eso evita tener modales? –. Me lleve una mano a la cara con pesar, dándome un golpe quedo en la frente. –Si, esperaba que al menos fueras lo suficientemente caballeroso como para permitirme anunciar el matrimonio a mi madre, ¿Es demasiado?–. Si bien, sabía que mi madre negaría una visita al inframundo y también que Hades no podía salir a la superficie un gran lapso de tiempo, por ello sería yo quien tomaría el papel de intermediario “De todas formas soy yo quien accedería a estar a su lado, ¿No?, ¿Por qué mi madre tendría que negarse?”.

Tumbada en la cama mire el enrojecimiento de los dedos de la mano con la que lo había golpeado, ¿Qué acaba de hacer?, nunca había sido capaz de levantar la mano a nadie y mucho menos acertar un golpe, pero la situación se me había ido de las manos, estaba molesta, peor aún, furiosa, nada había sido lo que creía, Zeus me lo había demostrado con aquellas palabras, la granada, había comido de la granada y ahora estaba presa en el inframundo, más de lo que ya era, me habría quedado por voluntad, había accedido a darle una oportunidad y confié en que la aprovecharía, pero entonces solo había sido un “Dios listo” y de lo que en realidad se aprovecho fue de mi ingenuidad. Las lágrimas se me salían de los ojos sin siquiera cerrarlos.

El sonido de unos pasos firmes se colaban a través de la puerta y se detuvieron frente a esta, no tenía que pensar mucho para imaginarme quien era, era claro que era Hades. Aquella acusación me estremeció, ¿Cómo podía mantener aquel pensamiento?, mi madre alguna vez me lo había dicho “Una mala acción equivale a veinte buenas acciones, obra mal y abras obrado mal todo el tiempo”. –Lo hace–. Respondí entre lloriqueos y me quede sin decir más, tenía la mente llena de cosas para echarle en cara pero no me ganaría nada, no arreglaría nada, no cambiaría el hecho de haber ya tragado la estúpida granada y estar atrapada, solté un golpe en la cama y otro más. Mi vida había sido tan tranquila, tanto que nunca había hecho una rabieta hasta que Hades apareció en ella y la estropeo, entonces me había vuelto inestable y no sabía cómo lidiar con eso. Dio un golpe a la puerta entre gritos, aquello solo me dejaba en claro que ciertamente me encontraba al lado de un monstruo. Yo no había decidió todo esto, su intervención lo había causado, todo era a propósito por el simple echo de tener lo que quería y yo era inmadura por no aceptarlo.



Deje pasar cuantas horas pudieron sin salir de la habitación, el agua de mis ojos no se había acabado todavía cuando tome la decisión de presentarme frente suyo en la sala donde había ocurrido todo. Me despoje el vestido violeta ignorando por completo el guarda ropa, no iba a ponerme otro vestido suyo, una sensación de ira dijo a mi ser que incluso tenía que arrancarme las zapatillas, pero no tenía el mínimo deseo de morir en aquellas tierras. Salí de la habitación sin nada más que mi piel al descubierto, sin el más mínimo retoque de delicadeza avanzaba a zancadas, con los risos enredados y la cara roja al igual que los ojos llenos de ojeras. Abrí la puerta de golpe y del mismo modo la cerré tras mío. –¿Qué clase de acuerdo tienes en mente?, Vil ser–. Dije con voz firme aunque rota.


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

Mensaje por MokaLatte el Sáb Abr 01, 2017 1:02 pm

Ahora empezaba abrirse la brecha que tanto me había esforzado por cerrar, esa que marcaba nuestras distinciones la manera de ver las cosas… para mi todo no era blanco como ella lo veía, el mundo estaba lleno de trampas trucos y cosas que imposibilitaban el puritanismo. Esas cosas de moral y justicia solo era palabras inventadas, en el mundo real hasta la persona mas buena acababa mintiendo para tener lo que quería no se limitaba a sufrir en silencio “yo estaba Harto de lo segundo” y no admitía como algún error demasiado grande haberle omitido de cierta manera la verdad del fruto de la granada ni siquiera dije que fuera inocente… en realidad solo la convide a comerlo “¿Dónde estaba la mentira o el engaño si ella nunca pregunto?” –No había hecho nada malo- estaba plenamente convencido de ello.

-¿Modales?- me cuestione ¿acaso no había sido yo un caballero de que hablaba la ninfa? Esta situación no tenía que ver con modales. Rodee los ojos negando –tu eres la que no comprende las normas de este mundo, acá las mujeres no tiene voz ni voto que yo te lo haya concedido no quiere decir que fuera de este lugar vayas a tomar esos roles… los hombres son quienes se encargan de pedir la mano y arreglar las cosas, yo ya lo hice con tu padre lo demás no importa tu te callas al igual que tu madre y lo aceptan- machista habría de sonar pero en la época en la que vivíamos ella no podía cuestionarme era eso lo que se consideraba caballerosidad ya ni sabia por que debía explicarle esas cosas “parecía ella ser la mal educada” y la falta de modales… carecían en ella Golpearme de esa manera.

El golpe físico carecía de dolor, lo que realmente me lastimaba era que tomara esa actitud ¿pero que mas daba una punzante herida sobre mil cicatrices? no crearía la diferencia en mi acorazado corazón “yo no cambiaria de opinión y tercamente seguiría creyendo que hice lo correcto” era duro… para ella claro que si pero así era el mundo y no segura ablandándome a cambio de nada. Termine asegurándome de algunas cosas cancele la estúpida boda “no creía que algo así me causaría tantos problemas” la diosa Hera personalmente fue a visitarme… no era mi amiga ni mucho menos pero era ella quien celebraba los matrimonios entre dioses… entre cantidad de concejos y ejemplos comenzó a comentarme lo difícil que era ser mujer y lo complicado que le resultaba tener que callar a todas las cosas que Zeus le imponía aun y cuando era un marido pútrido. Y ella por respetar su estatus de diosa del matrimonio debía aceptar sus infidelidades... Hera era el vivo ejemplo de lo que una mujer casada terminaba siendo con el tiempo.

Yo callaba desde hacia tiempo contemplaba su dolor y amargura estaba llena de rabia y rencor todos la juzgaban pero Zeus era el causante de aquello –Lo se Hera… pero no se que tiene que ver eso conmigo- intervine calmado aunque mi fuego flameaba como si fuera a derretir una espada de acero Valeriano *Solo quiero que la escuches… dale la oportunidad de explicarte* yo negué golpeando el trono –mi hermano vino a presionarme... ¿Qué querías que hiciera Zeus me hace perder la cordura… y… si no le fuera dado la granada no fuera podido evitar que se la llevara, su madre y el no permitirán que se casara conmigo la retendría arriba y no volvería a verla- *ella no sabe eso…  tampoco sabe que Deméter esta destruyendo cosechas y cultivos de inocentes humanos solo por que quiere tener la de vuelta no sabe que esta haciendo caprichosamente una rabieta de llanto si no se la llevan y ha amenazado con no dejar que nada mas crezca en la tierra ¿Qué culpa tiene los humanos? Debemos dejar crecer a los hijos y ella no lo comprende, por eso no entiende tu actitud deben hablar…* insistió la hermosa mujer acariciando mi mejilla como si quisiera aplacar mi ira –dijo que quería ser ella la que le dijera a su madre pero… temía dejarla ir ¿Por qué querría quedarse con alguien como yo? La iba a perder si dejaba que se la llevasen- le pregunte a Hera ella sonrió con sus labios rojos y sus gorditas mejillas.

 *Hades ningún dios es como tu… a las mujeres nos gusta lo misterioso y aunque digan que eres cruel tus actos en la historia revelan que no lo eres solo es un titulo que quieren apodarle a aquel que se encarga de aquello que no es bello ¿Cómo puede el dios del infierno de la muerte… de la destrucción, ser bueno, bello y amable? Las personas no conciben estas cosas pero una vez te conocen se dan cuenta de que es un error… Deja de actuar con miedo* suspire abrumado –No tengo seguridad- admití –ya no importa cancele la boda... no tiene gracia que la novia no este feliz seré el hazme reír si parece que la obligo a casarse solo me ganare la fama de ser aun mas cruel y a ella la verán con lastima tener que pasar la vida con un monstruo como yo… no debí traerla- susurre entre dientes no quería decir eso pero seguramente ella seria mas feliz arriba “¿debería dejarla ir?” comenzaba a cuestionarme.

Hera y yo nos sobresaltamos a tu entrada yo aparte la mirada al verte desnuda y Hera se sorprendió corriendo a retirarse su chal para cubrirte *Perséfone… así no debes hablarle a tu prometido* te dijo con dulce voz besando tu frente *el perdón es primordial en el matrimonio en la pareja… no nos casamos con seres perfectos aprendemos a convivir con sus errores*  negó acariciando un jarrón cristalino que te mostraría la conversación que antes tuve con ella. Yo apreté los ojos dándoles la espalda “Hera tramposa” pero en el fondo se lo agradecía yo no seria capaz de decirle esas cosas a la peli roja de frente. *ninguno de los dos se conoce suficiente para crear prejuicios sobre el otro… deben hablar mi querida niña pero primero vístete… los hombres son débiles ante nuestra belleza creo que tu madre no te ha enseñado del todo como ser una mujercita hecha y derecha… esta es una nueva etapa de tu vida y para el es la primera vez que debe lidiar con alguien mas que no sea si mismo* te dijo la diosa estaría diciéndote aquello a ti pero también me hacia reflexionar a mi.


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Re: “¿Quien puede juzgarme por enamorarme de lo que jamás se me ha permitido probar? La felicidad misma. Hades y Perséfone.

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